jueves, junio 24, 2010

 

Monográfico de EMPRESAS POLÍTICAS: Gaston Bouthoul


Hace unas semanas apareció el número monográfico de Empresas políticas dedicado a la sociología de la guerra (polemología) de Gaston Bouthoul. A continuación puede leer el artículo editorial que abre el volumen: EN CIFRA 14


En cifra

Decía Gaston Bouthoul (Monastir, 1896 - París, 1980) que “la sociología es como un gran árbol del cual, de vez en cuando, se desprende una nueva rama”. Tal es el caso de la polemología o sociología especial de las guerras, concebida por Bouthoul “en 1942, el tiempo más oscuro de la guerra”. La intuición del estudio científico del fenómeno bélico es sin embargo anterior a la II Guerra mundial. La hipótesis central de la polemología, es decir, la funcionalidad biológica y demográfica de la guerra, está formulada ya a principios de la década de 1930. Desde entonces, el método de Bouthoul va decantando las nociones precisas para estudiar la guerra como hecho social hasta alcanzar, en los años 70, su máximo desarrollo. De esa época son los “barómetros polemológicos” y los “frentes de la agresividad mundial”, terminología solidaria del lema del pacifismo funcional o científico Bouthoul: “si quieres la paz, conoce la guerra”. Si tu veux la paix, connais la guerre era precisamente la divisa del Instituto Francés de Polemología (IFP), fundado en 1945, aunque sus trabajos empezarán a conocerse desde julio de 1966, coincidiendo con el lanzamiento de la revista Guerres et paix.
Aquella publicación, que le permitió rodearse de un reducido y eficaz equipo de colaboradores y proyectar en otros países su creación científica, constituye un hito en la formalización de la sociología especial de las guerras y la primera expresión de su institucionalización en Francia. Bouthoul, desde luego, es uno de los nombres fundamentales de la escuela o tradición francesa de la sociología de las guerras. Por esta razón, así como por su concepción de la sociología (disciplina que pivota sobre la biología y la psicología sociales), merecería ocupar un lugar destacado en la historia de la ciencia que ya en el siglo XIX se llamó Física social. Pero el estudio científico de las guerras, uno de los hechos sociales más sobrecogedores, pues la destrucción de vidas humanas aplasta el ánimo, modela la sensibilidad y condiciona el ejercicio de la razón, nunca ha sido un quehacer popular. No pudo obtener el favor de las grandes fundaciones filantrópicas, volcadas en cambio en la financiación de la ciencia de la paz (irenología, Peace research) o sus versiones militantes y politizadas: ciencia para la paz, educación para la paz, etc. Frente al cerco de silencio que le asedió toda su vida se impone hoy como una evidencia la rectitud de sus intenciones científicas: la desacralización o desmitificación del estudio de la guerra, la despolitización de la paz y el conocimiento de la guerra para preparar la paz, “pues únicamente por ese saber podemos esperar que un día se instaure un pacifismo científico o, al menos, un pacifismo funcional que encuentre sucedáneos menos catastróficos para cumplir las funciones milenarias de la guerra”.
La polemología, lamentablemente, tuvo un recorrido científico que se agotó con la muerte de su promotor. Después de los años 80 el desinterés por el pacifismo funcional de Bouthoul, inducido por el sectarismo ideológico y, en consecuencia, pseudocientíficos de una parte muy importante del Peace research -ahí están los raigones leninistas de un Galtung-, constituye tal vez el aspecto más destacado de polemología. Son por eso raros los estudios sobre Bouthoul, con la excepción del aprecio que hacen de su obra los oficiales ilustrados de los cuartos de banderas. La red internacional que durante más de una década se organizó desde el Instituto Francés de Polemología, con institutos y miembros correspondientes en diversos países -en España el Instituto de Polemología Víctor Seix de Barcelona y Luis Díez del Corral, de la Universidad de Madrid-, se deshizo con una rapidez sorprendente, sin que nada opusiera resistencia. Sus colaboradores más próximos siguieron luego otro camino, como Hervé Savon, dedicado al estudio del cristianismo de la antigüedad tardía y el jansenismo del siglo XVIII. René Carrère, fiel a la memoria de su amigo, prolongó la vida de Études polémologiques, magnífica revista fundada en 1971, hasta 1990, amparada por la Fundación para los Estudios de la Defensa Nacional. Así se agotó lo que Bouthoul denominó, entusiásticamente, el movimiento polemológico internacional.
En España, además del grupo catalán y la editorial Oikos-tau, que impulsó la traducción de la obra de Bouthoul publicada en la biblioteca de divulgación Que sais-je?, la polemología tuvo entrada desde mediados de los años 70 en el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), dependencia del CESEDEN en la que durante más de una década desarrolló sus trabajos (fundamentalmente el método de análisis factorial para el estudio de las causas de los conflictos) el Seminario de Polemología del Área mediterránea. El almirante Fernando Bordejé, que conoció los trabajos del IFP en París, fue el incitador del método polemológico en 1976. Otros nombres asociados con la polemología en sede militar española son Francisco Planells Boned, Prudencio García, hoy dedicado al estudio de las acciones humanitarias y los derechos humanos en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED, y Miguel Alonso Baquer, a quien se debe la publicación en España de la traducción del Traité de polémologie y la edición de un monográfico de los Cuadernos de Estrategia con diversas contribuciones sobre prevención de conflictos, una de ellas sobre Bouthoul escrita por el entonces capitán de fragata Francisco Javier Franco Suanzes.



Empresas políticas no ha querido permanecer indiferente al caudal de los estudios sobre la guerra inspirados por Bouthoul, un realista político cuyo pensamiento está determinado por las enormes expectativas científicas generadas por la Polemología. El punctum saliens de la polemología de Bouthoul es el carácter “accidental” y, por tanto, no intencional de la guerra. Esto permite una confrontación clarificadora con la tesis de Clausewitz-Freund-Schmitt: la guerra como “expresión” de la política. Decía Bouthoul, con superioridad olímpica, que este precisamente era el error de la filosofía política y del arte de la guerra: la ilusión de Clausewitz. La guerra, el más espectacular de los fenómenos sociales, “un fin que se disfraza de medio”, no podía ser, según el sociólogo francés, un acto voluntario, presupuesto de la doctrina de la guerra del General prusiano.
Hemos querido reunir en este número las contribuciones de algunos de los polemólogos y estudiosos de la polemología más destacados de Europa, sin descuidar la posible recepción del sociólogo francés en Hispanoamérica (en Argentina y, últimamente, en Colombia). Como comprobará el lector, Bouthoul es, al menos de momento, oficio de minorías académicas. Naturalmente, la relación de nuestros colaboradores en este número no agota la lista de los polemólogos, ni siquiera, siendo menguada, la de quienes se han ocupado en los últimos años de Gaston Bouthoul y su proyecto científico. Nos hubiera gustado contar con las aportaciones del profesor Jean-Marc Ramos, de la Universidad Paul Valéry-Montpellier III, cuyo estudio sobre “Bouthoul y la sociología del tiempo” no ha podido llegar a tiempo a la redacción de Empresas políticas, impidiéndolo una dolencia del autor, a quien deseamos una pronta recuperación. Tampoco ha sido posible contar con F. J. Franco Suanzes, pues sus obligaciones en el Mando del Grupo de Unidades de Proyección de la Flota, que le mantienen embarcado y alejado de España, no le permiten ocuparse ahora de un tema, “la sociología de la guerra de Bouthoul”, por él siempre frecuentado. Razones de diversa índole hicieron también imposible contar con Alonso Baquer, Fréderic Coste y François-Bernard Huyghe, con quienes se completa seguramente el círculo más estrecho de los conocedores del pensamiento y la ciencia de Bouthoul.

Artículos presenta tres contribuciones perfectamente complementarias. El profesor Piet Tommissen, amigo de Empresas políticas desde la primera hora, ofrece un sobrevuelo sobre el fenómeno bélico y el desarrollo del estudio científico de las guerras. "En torno a la polemología" parte del hecho indiscutible de la mezcla de atracción y repulsión que acompaña a la guerra. Por encima de la contraposición entre la guerra y la paz como elementos creadores, el autor señala que la conciencia científica del fenómeno guerra es algo relativamente reciente. Los nombres de P. Sorokin, Q. Wright, L. F. Richardson, R. Pannwitz o G. Bouthoul son hitos del pensamiento polemológico. El cambio del escenario político internacional (terrorismo planetario, destrucción del Derecho internacional) debería servir de estímulo a la polemología, transformada en una conflictología.
Myriam Klinger, Maître de conferences de la Universidad Marc Bloch de Estrasburgo, presenta en su estudio sobre "La revista Études polémologiques (1971-1990)" un recorrido por la etapa final de la doctrina científica de Bouthoul : la década de los 70, en la que alcanzó cierto reconocimiento internacional y académico, y la de los 80, que conoció, tras la muerte de Bouthoul, el silenciamiento de los estudios polemológicos y la fragmentación de sus espacio científico. Como dice la autora : "nacimiento, horas de gloria y desaparición: la historia de Études polémologiques evoca al mismo tiempo que las vicisitudes de una revista, las peripecias de un movimiento que se institucionaliza y después parece agotarse, los claro-oscuros de un espacio teórico con contornos fluctuantes”.
Jerónimo Molina, de la Universidad de Murcia, presenta una relación muy completa de la obra de Bouthoul y de la bibliografía secundaria sobre su pensamiento: “Excerpta Bibliographica Gasconii Bouthoul”. Apunta además algún dato de la esquiva biografía del autor del Traité de polémologie. Bouthoul, que se había hecho un nombre como demógrafo neomalthusiano antes de la II guerra mundial, formuló por primera vez su doctrina del carácter periodomorfo de las guerras hacia 1930. Bouthoul fue una presencia constante en las publicaciones y actividades del Institut International de Sociologie fundado por René Worms. También por eso ocupa un lugar en la historia de la sociología francesa.

El variado contenido de Notas tiene como pórtico una muy amable carta de Hervé Savon dirigida al director de Empresas políticas. En ella recuerda "La lección del libro VII de la Eneida" extraída por su amigo Bouthoul : la guerra es una fuerza casi sobrenatural que arrastra al hombre. Por eso, afirma el profesor emérito de la Universidad Libre de Bruselas, frente al pacifismo ingenuo, obsesionado por los resultados inmediatos, la polemología mantiene toda su vigencia.
Vincent Porteret, autor de “El Tratado de polemología de Gaston Bouthoul y el análisis sociológico de las guerras", detalla tres de los ejes de lectura de la opera magna de Bouthoul : la dilucidación del objeto científico de la polemología, el análisis de los ejércitos y la pulsión bélica. Ese es el marco adecuado para el estudio de la guerra, hoy casi confundida con una laxa noción de “crisis”. Por su parte, Pascal Hintermeyer, en “La Polemología y la construcción del enemigo”, destaca que la polemología rompió en la posguerra con el discurso moralista del pacifismo. Su objetivo consiste en estudiar la guerra como un hecho social y desengañar a los hombres que creen dirigirla cuando, en realidad, serían arrastrado por ella. Un aspecto fundamental de la polemología es la enemistad, elemento que no se improvisa y que, según el autor, desempeña un papel importante en la doctrina de Bouthoul y todavía más en la de Freund. “Aunque el análisis polemológico de Freund es diferente al de Bouthoul, su conclusión, afirma Hintermeyer, es semejante: la construcción del enemigo corresponde a un proceso necesario”.
Julien Freund, en un magnífico texto, “La obra de Gaston Bouthoul”, señala la raíz de la polemología: el problema de la paz y de la guerra debe partir del estudio de la guerra. Las razones de Bouthoul, que también él hizo suyas, le parecen evidentes: ni la guerra ni la paz se supeditan a la buena o mala voluntad de los hombres; ni una ni otra son independientes de las circunstancias. Lo que está en cuestión, finalmente, es la política, de la que dependen la paz y la guerra.


Teodoro González García nació en Medina del Campo, provincia de Valladolid, el 9 de noviembre de 1897. Estudió derecho en la Universidad de Oviedo, cripta del krausismo. En 1923 se doctoró en derecho con una tesis sobre La lucha de clases en la agricultura, publicada poco después. El mismo año fue nombrado Auxiliar temporal de Derecho político en Oviedo. En 1925 estudió los orígenes del movimiento constitucional y el Estado de Derecho en Inglaterra, recibiendo la influencia de Harold Laski. Esas investigaciones están publicadas en La soberanía del parlamento inglés, editado por la Universidad de Murcia. En Murcia precisamente había ganado la cátedra de Derecho político en 1925, sucediendo a Nicolás Rodríguez Aniceto. Durante los años 30, ya como catedrático en Oviedo, tradujo diversas obras de historia del pensamiento político para las editoriales Labor y Bosch. Fue Secretario del Tribunal de Garantías Constitucionales, lo que le causó problemas en su proceso de depuración política. Suspendido en sus funciones hasta el final de la guerra, se reincorporó con normalidad al claustro de su Universidad, pronunciando el emotivo discurso inaugural del curso 1939-1940. En 1940 pasó a la Universidad de Valladolid, en donde se jubiló en 1967. No tenemos el dato de su fallecimiento, pero debió morir hacia 1970. Catedrático de la estirpe académica de los “socráticos”, su obra es muy breve, destacando los estudios sobre el régimen político de Gran Bretaña. Puede decirse que preparó el camino a las obras, mucho más conocidas, que sobre la política inglesa publicaron a principios de los años 60 Manuel Jiménez de Parga, Manuel Fraga o Manuel Romero Gómez. Pero el profesor González no se ocupó únicamente del pensamiento político anglosajón. Encontró también tiempo para escribir una síntesis política de Saavedra Fajardo y otra, que sepamos, sobre las ideas políticas del Padre Rivadeneria.
“Balance político de Saavedra Fajardo”, perdida en las páginas de la Revista Nacional de Educación, en el número 40 de abril de 1944 (pp. 7-22), tampoco era conocida por los estudiosos del diplomático murciano. Nos honra traer a las páginas de Saavedriana, como homenaje a su autor, el texto íntegro de ese artículo.
Al margen de este hallazgo, hay una novedad saavedriana que merece la pena ser comentada en estas páginas. Recientemente ha sido incorporada a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes un portal específico sobre la vida, la obra y los estudios acerca de Saavedra Fajardo (http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/saavedrafajardo/). Dicho portal está dirigido por el catedrático de literatura de la Universidad de Murcia Francisco Javier Díez de Revenga. En la mejor tradición universitaria, no hay en ese sitio ni una sola mención, ni siquiera una alusión vaga, a la sección Saavedriana de nuestra revista, la única publicación que desde su número fundador cultiva el pensamiento de don Diego. Le agradecemos a Díez de Revenga que, en 2002, participara en la presentación de Empresas políticas. Entonces dedicó a la publicación unas hermosas palabras. Por eso no entendemos hoy un olvido que no puede ser afrentoso, pues de su saber nos hemos aprovechado en Saavedriana. Desde aquí le seguiremos leyendo y reconociendo su excelente trabajo académico. Aliquando bonus dormitat Homerus.



Hispanoamericana, la sección dirigida por el profesor de la Universidad San Pablo-CEU José Díaz Nieva, presenta al pensador político chileno Guillermo Izquierdo Araya. Se ofrece de él un ensayo muy interesante sobre “El Estado corporativo y el Estado funcional”. Izquierdo Araya fue un jurista e historiador que, al margen de su actividad política, debe ser reconocido como un doctrinario del corporativismo, asunto al que dedico su libro Racionalización de la democracia y la colección de estudios Política y derecho en los nuevos tiempos. En su tesis, como se pone de manifiesto en su estudio, se asimila el Estado corporativo y el Estado funcional, constituyendo la alternativa a la deriva política y económica de la democracia en la época del capitalismo individualista. La organización corporativa de la economía constituye, en efecto, una rectificación del capitalismo anarquizante. Izquierdo Araya, con expresión que recuerda a la teoría del corporativista rumano M. Manoilesco, se consideró un “corporativista integral”, no limitándose su doctrina a la reforma de la economía. Aspiraba a “una nueva conformación constitucional” en la que, en última instancia, la representación dejara paso a la ordenación de las distintas funciones estatales y políticas. La reforma del Senado chileno para convertirlo en cámara de representación funcional, debía ser el paso previo que acercara al corporativismo integral. Nada tiene que ver el corporativismo con el fascismo, confusión tan interesada como falaz, propia por eso, como decía Izquierdo Araya, de “espíritus simplistas”.



La Biblioteca política, jurídica y económica ofrece la traducción de un artículo de Bouthoul sobre las “Funciones sociológicas de las guerras”, un estudio publicado en la Revue Française de Sociologie en 1961 en el que se plantea sintéticamente lo fundamental de su doctrina (y una interrogante sobrecogedora: ¿qué realizará la función demográfica relajadora en la época del arma termonuclear?). El prólogo que Bouthoul le puso en 1952 a la traducción francesa de la Patologia economica de Corrado Gini puede ilustrar al lector sobre las posiciones de Bouthoul en los años 30, cuando pasó de la economía a la sociología.


Diez libros se ha concentrado, casi exclusivamente, en una revisión bibliográfica de la polemología. Con tres excepciones: un libro de Antonio Elorza sobre los orígenes del nacionalismo vasco; la nueva traducción de La política como profesión de Max Weber, realizada por Joaquín Abellán; y la colección de escritos “raros y breves” de Saavedra Fajardo, cuya publicación ya anunciamos en nuestro último número. En las demás recensiones ha prevalecido el criterio de que cada una de ellas pudiera aportar algo -con las limitaciones propias del género- a la compresión de los problemas suscitados por la polemología como ciencia (reseña de Alfred Sauvy al ensayo clásico de Bouthoul sobre Cent millions de morts) o como modo de pensar (reseña de Sánchez de Castro a los Apuntes de polemología de Sánchez Ferlosio, uno de los pocos ensayistas que en los últimos años se ha ocupado del asunto en España). Comentarios a otros libros de Bouthoul, Myriam Klinger, Prudencio García y Miguel Alonso Baquer completan la selección.


En su fascículo 4º de 1967, Guerres et paix recogía algunas opiniones muy favorables a lo que representaban la revista y los trabajos sobre la guerra del Instituto de Polemología. En un fragmento de la carta remitida a la redacción por Edouard Giscard d’Estaing se hace observar a Bouthoul, además de la perplejidad que puede causar el neologismo “Polemología”, “titre trop savant et obscur”, que la máscara que ilumina la portada de la revista Guerres et paix (véase aquí su reproducción en la solapa posterior) tal vez representara la guerra de otro tiempo, pero no la del actual, caracterizada por los asesinatos anónimos en masa y la destrucción total. Sugería que cierto cuadro de Brueghel el Viejo expresaría mucho mejor el horror de la guerra contemporánea. Se refería a Dulle Griet, representación de una mujer, Greta la loca, de mirada perdida y boca desencajada que deja a su paso un rastro de destrucción. Esta es la razón de haber traído a nuestra portada esa fantástica tabla, propiedad del Museo Mayer van den Bergh de Amberes.
La fotografía de Bouthoul que se encarta en este volumen procede del volumen I de Histoire mondiale des guerres, la única que hemos podido encontrar del sociólogo francés, a quien, de pronto, como recordaba irónicamente hace unos años el mediólogo F.-B. Huyghe, nadie parece haber conocido. Metáfora perfecta del destino de la polemología.


Invitamos al lector a seguir adelante y profundizar en el polemología de Bouthoul, un saber lleno de sutilezas. La realización de este número, enfrentada a dificultades de todo tipo, como suele suceder en la vida de las revistas independientes, no hubiera sido posible sin la ayuda prestada por los profesores Piet Tommissen, José Díaz Nieva y Sergio Fernández Riquelme. El apoyo moral y económico de la Fundación San Pablo - CEU, con la que desde ahora editamos Empresas políticas, ha sido, al menos para los miembros de la Sociedad de Estudios Políticos, un gesto de extraordinaria generosidad intelectual, pero también, estamos seguros de ello, un acierto editorial de quienes han hecho posible que esta publicación haya sido acogida tan favorablemente en CEU Ediciones: Julián Vara, Ana Rodríguez de Agüero y Aquilino Cayuela, por citar únicamente a quienes han trabajado más estrecha y directamente con nosotros. Creemos que se reconoce así el valor de Empresas políticas, un archivo del pensamiento político español con el que de un tiempo a esta parte es necesario contar.
Pero todo esto merecerá un comentario más extenso y detallado en el próximo número, que se dedicará monográficamente al estudio de la recepción del pensamiento de Carl Schmitt en España, incidiendo en algunas etapas muy poco conocidas de ese proceso intelectual de tanta repercusión política.


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